La historia del libro: del códice al e-book y más allá

A veces el libro tiene un trato que está más cerca de la veneración que de la lectura. Hay un apego emocional por el libro, una suerte de fetichización. Muchos incluso han dicho que es un objeto perfecto y que, por lo tanto, ha llegado a un nivel absoluto, inmejorable.

Pero ¿de qué hablamos cuando hablamos de libros? El formato del libro tal como lo conocemos —aquello que los eruditos llaman códice: una cantidad de páginas encuadernadas a lo largo de un borde y encerradas entre cubiertas— es relativamente reciente. Tiene apenas unos centenares de años. A lo largo de la historia de la humanidad, el soporte para la escritura ha ido mutando y todo da a entender que el libro no es ni el formato más usado ni el más acabado, sino que simplemente es un elemento más de una serie que por no ha llegado al final.

Esta idea provocadora y radical le pertenece a Amaranth Borsuk, poeta e investigadora norteamericana, que en su ensayo El libro expandido. Variaciones, materialidad y experimentos (Ed. Ampersand) se ha dedicado a rastrear la historia del libros para imaginar las posibilidades que se vislumbran en el futuro. Borsuk hace un recorrido bellísimo que se inicia en las tiras de cuero y sigue con rollos, papiros, tablillas, nudos, incunables.

Cada soporte, de alguna manera, está asociado a una manera de ver el mundo. Pero también, la historia del texto escrito es la historia de tecnologías obsoletas.

Los nuevos soportes como e-book y el audiolibro, que están cada vez más establecidos, vienen a romper los límites del códice. Y, si como dice Borsuk, el libro es una experiencia, no es el lector quien debe ajustarse al objeto, sino que el soporte es el que tiene que readaptarse para uno pueda cautivarse nuevamente por el contenido. En un mundo que tiende a la virtualidad, el soporte apunta hacia nuevas interfaces en donde la convivencia entre lo material y lo digital sean espacios de exploración para los artistas.

Esto no implica la eliminación del códice; desde hace décadas se anuncia la muerte del libro físico y, sin embargo, el libro físico parece no haberse enterado. Pero lo digital abre nuevas formas de crear y recibir el contenido. El e-book no sólo trae ventajas de precio y ubicuidad —son más baratos y no se agotan—, sino que los escritores se encuentran por primera vez en muchísimo tiempo ante la posibilidad de expandir sus ideas a zonas imprevistas, de romper las fronteras y entablar un nuevo tipo de relación con el contenido, con con la comunicación, con la exploración artística, con los lectores.

Este cambio de paradigma tiene enormes repercusiones, en especial, en el ámbito educativo, donde los chicos que se están entrenando en la lectura pueden, a partir de estas nuevas producciones, tener una relación diferente con la realidad que los rodea.

Artículo publicado previamente en Infobae

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